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viernes, 11 de julio de 2014

¿A quién protege Israel?

Cada día sorprende más la hipocresía de algunos líderes políticos, ya no solo en sus acciones, sino en cómo las presentan. Esta vez quien ejerce una alta dosis de cinismo no es mi más ni menos que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que ha ordenado una serie de ataques militares sobre la franja palestina de Gaza, bajo el título de “Operación Margen Protector”.

La diplomacia israelí lleva varios años de capa caída y la imagen al exterior de los últimos Gobiernos israelíes no hace más que aumentar la crítica internacional a este Estado totalmente militarizado y blindado. Todo comenzó hace mucho tiempo, pero podríamos decir que se marcó un antes y un después cuando el pasado 29 de noviembre de 2012, de los 188 países que participaron en la Asamblea General de las Naciones Unidas, 138 países votaron a favor de la incorporación de Palestina como Estado observador en la ONU. Tan solo 9 países se negaron, entre ellos EE.UU e Israel, y la sensación de vacío empezó a aumentar.

Prueba de ello es que tras largos períodos de amenazas e incursiones militares provocando la muerte de personas, el gobierno de Netanyahu no pudo soportar que Al Fatah y Hamás alcanzasen un acuerdo el pasado 2 de abril y decidiesen formar un gobierno de unidad para así terminar con años de lucha fratricida tras la muerte de Yasser Arafat. Apenas unas semanas después de esta noticia, el Gobierno israelí dio por muertas las negociaciones de paz con Palestina.
A partir de ese momento, Netanyahu aceleró la construcción de centenares de viviendas en asentamientos establecidos en territorio ocupado a Palestina, provocando así mayor tensión en la zona y desoyendo las resoluciones de la ONU y los llamamientos al diálogo de la Unión Europea y Estados Unidos.

El secuestro y asesinato de tres jóvenes israelíes junto con el asesinato de un joven adolescente palestino, que fue quemado vivo, han provocado un aumento de la tensión en esa zona con lanzamientos de cohetes caseros desde la franja de Gaza por un lado, y bombardeos con artillería por tierra y mar desde buques de guerra israelíes por el otro. Por ahora estos bombardeos se han saldado con más de 38 personas fallecidas en territorio palestino, la mayoría civiles y muchas de ellas menores de edad.

¿Cómo una operación que se denomina “Operación Margen Protector” puede estar provocando este número de muertos? ¿A quién protege?
Podría decirse que el Gobierno de Israel no desaprovecha ninguna oportunidad para aumentar las colonias (en muchos casos habitadas por judíos radicales) y para bombardear amplias zonas de Palestina, todo esto facilitado por una comunidad internacional que parece que no existe.
La UE, paralizada por el efecto posterior a las elecciones al Parlamento Europeo del 25 de mayo, actúa con una interinidad, por no decir parálisis, que asusta. Asistimos con preocupación a un aumento de la escalada militar por parte de Israel anunciando la movilización de sus 40.000 reservistas en previsión de una incursión por tierra en Gaza, lo que es tan útil como utilizar gasolina para apagar un fuego. 

Por otro lado, la Liga Árabe ha pedido celebrar una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU para adoptar las medidas necesarias con el objetivo de que cesen los ataques israelíes contra la franja palestina de Gaza. El efecto que están provocando las imágenes de los bombardeos y de los heridos y muertos en los medios de comunicación de los países árabes está empezando a provocar protestas ciudadanas, tímidas por ahora, al encontrarse en estos momentos en pleno mes de Ramadán, pero que pueden ir en aumento si las intervenciones desproporcionadas del Ejercito israelí no cesan.

Por lo tanto, el cinismo del nombre de la operación militar iniciada estos días da una clara señal de las pocas ganas de trabajar por un acuerdo que garantice la paz en Oriente Próximo. Si se quiere proteger, se debe proteger a toda la población y no solo a una parte, mientras a la otra la sometes a continuos bombardeos y a cierres de fronteras y de suministros vitales a través de bloqueos constantes.
Articulo de opinión publicado en Infolibre; http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2014/07/09/quien_protege_israel_19405_1023.html

domingo, 16 de junio de 2013

Actores secundarios en Siria.

España ha sido, o al menos siempre se ha pensado así, un país interlocutor con el mundo árabe. La simpatía que desde el mundo árabe se profesa hacia España es real, siendo este sentimiento reciproco por parte de la mayoría de la población española. Además, esta sensación ha estado motivada en gran parte por la cercanía social y física propiciada como país mediterráneo, sumado a los muchos capítulos de la historia compartida con el mundo árabe-musulmán.

 En el caso de Siria, podríamos decir que desde siempre ha existido una complicidad y que los sucesivos Gobiernos españoles, socialistas pero también del Partido Popular, se han esforzado por mantener a toda costa una relación privilegiada con el régimen de la familia Asad. Múltiples han sido las visitas bilaterales, Felipe González viajó a Damasco en 1995 siendo presidente de turno de la UE y aun habiendo vivido un capitulo complicado como fue el de la muerte del embajador español Pedro de Aristegui, víctima de un proyectil que cayó en la Embajada de España en Líbano en 1989 y que los servicios de inteligencia dicen que era de procedencia siria. También José María Aznar visito Siria en 1999, poco antes del fallecimiento de Hafez el Asad. A su vez, es importante recalcar que el actual presidente sirio, Bashar el Asad, eligió España en 2001 para efectuar su primera visita como presidente a un país no árabe, repitiendo viaje a Madrid en 2003.

 Pero entonces; ¿Que ha sucedido en los últimos años que justifique que desde que se inicio el conflicto sirio en Marzo del 2011, el papel de nuestro país en la mediación para la resolución de ese conflicto se haya visto reducido a simple acompañante de las propuestas de otros países?

 El Gobierno español mantuvo durante los últimos años de la Administración de Bush un acercamiento a Siria que disgustó a EE UU y provocó roces diplomáticos. Tal vez fuese la visita relámpago de Moratinos a Damasco en 2006, un año después del asesinato de Hariri, el motivo principal, tal y como revelaron los cables de la Embajada de EE UU en Madrid. O tal vez fuese el viaje al final del mandato del gobierno socialista y con el conflicto sirio en plena efervescencia, de la por entonces ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez. En este viaje la Ministra destaco “la voluntad real” reformista de Bashar el Asad.

También es muy probable que por parte de EE.UU existiesen toques de atención a la política exterior de España, lo cual ha producido una bajada del protagonismo de nuestro país en relación a este conflicto. Esta teoría no deja de ser incomoda por la propia necesidad de España de tener un papel relevante ya no solo por la imagen en el plano internacional, si no por los propios intereses nacionales.

Que España fuese uno de los primeros países en reconocer a la Coalición Nacional de las Fuerzas de Oposición y de la Revolución Siria (CNFORS) como representante del pueblo sirio y pidiese al actual presidente, Bashar al Assad, "dejar el poder y ceder el testigo" es una muestra de los esfuerzos por no quedarse fuera del núcleo de toma de decisiones en lo concerniente a Siria. Además, prueba de ello es el apoyo a la iniciativa Franco-Británica de levantar el embargo de armas a la oposición siria, tal y como comentaba el ministro de Exteriores, García-Margallo, apostando por levantar el embargo armamentístico pero no entregar dicho material militar hasta la Conferencia de paz de Ginebra cuya fecha de celebración debe ser próxima. El ministro a su vez insistía en que habría que evitar que las armas cayeran en manos de yihadistas, el gran temor de la mayoría de gobiernos occidentales.

También la celebración de una reunión en Madrid de los miembros de la oposición siria al régimen de Bashar al Asad, con el apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y cuyo objetivo era el de encontrar una solución política al conflicto de cara a la próxima conferencia internacional propuesta por Estados Unidos y Rusia, ha significado un paso en el posicionamiento de apoyo al dialogo entre las partes, pero aun así siguen sin ser determinantes.

Sería bueno que España fuese capaz de tener más peso a la hora de marcar agenda y que se aprovechasen las intervenciones diplomáticas y las no diplomáticas que se han ido realizando desde los años 80. Nuestro país ha jugado un papel destacado apoyando a Siria, pero también condenándola y el gobierno debería aprovechar esta circunstancia. Los refugiados políticos acogidos, algunos muy incómodos como fue el caso del tío del actual presidente Rifaat el Asad que intento dar un golpe de estado y otros incluso con antecedentes extremistas, o las visitas de altos mandatarios realizadas por ambas partes, entre otras circunstancias, nos habilitan para tener un papel relevante, pero el miedo a la reprimenda que nos pueda dar EE.UU nos paraliza a la hora de llevarlo a la práctica.